“Las grandes ideas no sobreviven a las malas presentaciones” ¿Rotundo, verdad? Pero no por ello menos cierto. Esta afirmación la escuché la semana pasada en un curso impartido por la coach en oratoria Mónica Galán en el Espacio de Coworking Talud de La Ería (os animo a que le echéis un vistazo a la web porque tienen talleres y charlas muy interesantes).

¿Quién no ha tenido que exponer un proyecto o presentar una comunicación en un congreso? La temática me vino de perlas, más aún teniendo en cuenta las intensas semanas que tenemos por delante (Meeting & Incentive Summit, Jornadas de protocolo de Yecla y de la UNED o el Congreso Universitario de Comunicación y Eventos, entre otros). Prácticamente estamos obligados a recurrir a la comunicación en vivo para diferenciarnos en un entorno extremadamente competitivo. El listón está cada vez más alto: debemos informar, emocionar y, no nos engañemos, vender. ¿Estamos preparados para hacerlo de forma eficaz? Me imagino que muchos de vosotros, como yo, habéis sido autodidactas por obligación, y es que lamentablemente pocos planes formativos incluyen este tipo de asignaturas.

Con el objetivo de tratar de ayudaros a solucionar esta carencia, os resumo algunos de los tips que nos dio Mónica:

  • Tener muy presentes los tres objetivos de cualquier presentación: conectar con la audiencia, dirigir la atención y asegurar el recuerdo.
  • Toda presentación requiere un trabajo previo: Planificación, Estructura, Diseño y Exposición.
  • La audiencia no perdona el aburrimiento ni el desperdicio del tiempo. Tengamos claro desde un primer momento que nuestras diapositivas son para ellos y no para nosotros. Debemos aportarles valor añadido, por lo que es imperdonable que alguien nos haga perder tiempo leyendo un Power Point, cuando podríamos hacerlo nosotros mismos calentitos y cómodos sin salir de casa. Al fin y al cabo, lo peor que puede ocurrir en una presentación es que no haya pasado nada.
  • Está científicamente comprobado: Es imposible leer y escuchar a la vez.
  • No intoxicar con información que la audiencia no puede procesar en un tiempo En este sentido, resulta de vital importancia saber qué quiero transmitir y en función de ello elaborar un mensaje claro, breve (menos de 140 caracteres), emotivo, que presente un beneficio y que mueva a la acción. Mónica nos puso como ejemplo la presentación del MacBook Air que podréis ver en este enlace. ¿Por qué este caso y no otro? Por la claridad con la que Steve Jobs expuso el principal beneficio que el producto aporta al usuario. Nada de irse por las ramas ni de utilizar ningún tipo de tecnicismo: “It’s the world’s finest notebook”, así de simple.
  • No queremos datos, queremos historias. Si no tenemos otra alternativa que aportar cifras, hagámoslo de la forma más visual posible. Algo así como hizo Jamie Oliver en una charla TED para mostrar cuánto azúcar consumen los niños en sus primeros años en la escuela. Ni corto ni perezoso el reconocido chef se llevó una carretilla con terrenos de azúcar a los que equivalía el dato científico. Pero, sin duda, el video que más me ha llegado ha sido el de Jane Chen, engancha desde el minuto uno. Permitidme que no os adelante más detalles porque prefiero que lo veáis por vosotros mismos.

Estas son a grandes rasgos las claves para que nuestras presentaciones sean más eficaces. Espero que os puedan ayudar en un futuro no muy lejano. Para concluir, os dejo el titular de una noticia que leí esta mañana en El Comercio: “Sin comunicación no hay éxito”. Nada que añadir.