Lo confieso, pertenezco al selecto club de zombies que hoy os habréis encontrado por las esquinas. El esfuerzo merece la pena si una lo hace por seguir en directo el espectáculo de entretenimiento más visto de Estados Unidos. Y sí, tenía que ser en directo, no valía grabarlo, porque lo realmente interesante volvió a serlo una vez más la interacción en Twitter. No me preguntéis si Birdman es la justa triunfadora o si Boyhood debería de haberse llevado más de una estatuilla; mejor recurrir en esos casos a @blankikam, que sabe mucho más del tema que yo. De lo que sí puedo hablaros es de cómo vi una ceremonia que con solo mirar sus cifras ya da vértigo (38,3 millones de presupuesto, emitida en 225 países y cuyos anuncios se venden a precio de oro: 1,9 millones por 30 segundos).

La expectación que rodeó esta 87 edición fue máxima, sin duda acrecentada por la actuación estelar en 2014 de Ellen DeGeneres y su archiconocido selfie. Fueron precisamente momentos como éste o como el de la irrupción en el Teatro Dolby de un repartidor de pizzas, los que eché en falta, más aún cuando la Academia se ha marcado como objetivo acercarse al público más joven. No fue una gala soporífera, tuvo ritmo, pero el adjetivo más repetido por todos el día después es “sosa”. Ni la aparición en calzoncillos de Neil Patrick Harris emulando al protagonista de Birdman ni sus dotes adivinatorias estuvieron a la altura de lo esperado.

Si la gala estuvo un poco coja en cuanto a contenido, no ocurrió lo mismo con la escenografía. El Teatro Dolby volvió a brillar en todo su esplendor gracias las proyecciones y efectos de luces diseñados por los afamados productores Neil Meron y Craig Zadan, que nos permitieron ver lo que ocurría en el backstage a través de sus perfiles en una conocida red social. Un deleite para la vista y también para el oído, pues la música también tuvo su protagonismo de la mano de estrellas como Adam Levine, cantante del grupo Maroon 5 o Lady Gaga, que rindió su particular homenaje a Sonrisas y Lágrimas.

En líneas generales me han sorprendido gratamente los discursos de los premiados, algo a lo que lamentablemente en nuestro país no estamos tan acostumbrados. Del “sé tú mismo y enséñale este mensaje a la siguiente generación” de Graham Moore (por mejor Guión Adaptado), al sabio consejo de J. K. Simmons (mejor Actor de Reparto) “si tus padres están vivos, llámalos, no les envíes un sms ni un whatsapp, habla con ellos”, pasando por el discurso en defensa de la igualdad de género de Patricia Arquette (mejor Actriz de Reparto). En esta edición las reivindicaciones han sido más visibles que años atrás, eso sí, en ningún momento se ha faltado al respecto a nadie, y el público lo valora.

Esto fue lo que ocurrió en el interior del Dolby Theatre. Antes, por espacio de aproximadamente dos horas, las celebrities desfilaron por la emblemática alfombra roja, de nada más y nada menos que 152 metros de largo, pero deslucida en cierta medida por la lluvia. Hemos visto paraguas por doquier y hasta goteras en plena entrevista a Naomi Watts. Contratiempos al margen, las estrellas han vuelto a sorprendernos con sus atuendos; Julianne Moore fue una de las más aclamadas y Lupita Nyong’o, con un vestido compuesto por 6.000 perlas, nos dejó a todos con la boca abierta.

¿Os habéis fijado en la trasera del photocall? La apuesta por renovar la imagen corporativa no ha dejado indiferente a nadie. Algunos, incluida una comentarista del Canal 24h, han visto un árbol de Navidad y no el triángulo de característico de la Academia con la silueta de la estatuilla en el interior. Gustos al margen parece que Hollywood cumple con el ejemplo.

Por cierto, me niego a seguir hablando de Sonia Monroy, ha conseguido lo que ha querido: su minuto de gloria. No caigamos en su juego. El cine español ha estado muy bien representado por Elena Anaya.