Los profesionales que nos dedicamos a esta apasionante disciplina del protocolo invertimos buena parte de nuestro tiempo en explicar en qué consiste nuestra labor. Lo hacemos para acabar de una vez por todas con falsos mitos que algunos se empeñan en ligar al protocolo. Día sí y día también leemos en medios de comunicación expresiones como “saltarse” o “romper” para referirse, en la mayoría de los casos, a gestos simbólicos con los que la autoridad de turno busca acercarse a la sociedad, algo que por otro lado está perfectamente contemplado en el programa del acto.

Lamentablemente hemos visto y oído prácticamente de todo. Sin embargo, creo que las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo en el programa Espejo Público han traspasado todas las fronteras. Ver vídeo a partir del minuto 25.43.

Preguntado por los contertulios del magazine matinal de Antena 3 por la distancia entre el expresidente José María Aznar y el actual presidente en funciones, Mariano Rajoy, en el homenaje a Vargas Llosa en la Casa América, el líder de la diplomacia lo achaca a “un problema de protocolo”. La cosa no se queda así y entre risas sentencia, “a diferencia entre un grupo terrorista y los de protocolo es que con el grupo terrorista se puede negociar y con los de protocolo no”.

Como se puede apreciar en el vídeo, la cara de Susana Griso es un poema, consciente de la salida de tono de García-Margallo. Lo mismo opina otro periodista que con acierto puntualiza que “el protocolo sirve para ayudar en los actos, a saber qué hacer, a saber relacionarse”, a lo que el ministro responde que “eso es la diplomacia y no el protocolo que es dónde te sientas”.

A partir de ese momento las redes sociales han empezado a echar humo. Decenas de compañeros han mostrado su disconformidad y estupor ante unas declaraciones realizadas nada más y nada menos que por el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación. Personalmente me disgusta que desconozca las funciones que realiza un gabinete de protocolo pero lo de comparar “un grupo terrorista con los de protocolo” me parece totalmente deleznable, aunque lo diga a modo de chascarrillo, es totalmente reprochable, y por tanto considero que debería rectificar.

Sobre nuestra capacidad de negociación, destacar que esa es precisamente una de las cualidades que debe reunir un buen jefe de protocolo. Obviamente, el acto o el directo, como nosotros lo llamamos, no es el momento de las negociaciones, para eso están las semanas e incluso los meses previos.

Por otro lado, las declaraciones de García-Margallo vienen a confirmar algo que venimos apreciando desde hace algún tiempo. Los políticos evitan pronunciar el término “protocolo” pero defienden sus funciones, eso sí, a través de otras palabras, en este caso “diplomacia”. La respuesta a esta incongruencia la tiene en la propia web del Ministerio, donde en el apartado “Protocolo” se puede leer: “Responsable de la preparación, coordinación y ejecución de los actos oficiales y ceremonias relacionados con la política exterior del Estado, tanto en España como en el exterior y, en particular, de los viajes oficiales de Sus Majestades los Reyes de España y de las visitas de los Jefes de Estado extranjeros”.

Pero, no solo la web del Ministerio demuestra que García-Margallo se ha equivocado. O si no, ¿por qué el Consejo de Ministros aprobó en 2011 la oficialización del Grado en Protocolo y Organización de eventos si solo somos acomodadores?