Pedro Armestre (AFP)

¿Os encontráis entre los 3.839.000 espectadores que el pasado sábado os armasteis de valor para seguir la Fiesta del Cine español, o lo que es lo mismo, Los Goya? He de reconocer que por primera vez conseguí vérmela entera, desde la llegada de los primeros invitados al Hotel Auditorium hasta que Penélope Cruz entregó el galardón a mejor película a la Isla Mínima, la gran triunfadora de la noche con diez cabezones. En total, casi siete horas sin pestañear, tiempo suficiente para darme cuenta de que algo falla: la Academia de Cine no da con la tecla para conectar con la audiencia, o si no, echadle un vistazo a los comentarios bajo el hashtag oficial #Goyas2015, también puede ocurrir que los tuiteros seamos especialmente críticos.

Como es lógico, no todo fueron cosas negativas, hay que alabar el esfuerzo realizado por RTVE, encargada de la producción y realización de la gala, la elección de Dani Rovira como presentador o la presencia de Penélope Cruz y Antonio Banderas, con la que se buscaba proyección internacional. Mención aparte merece la labor meramente organizativa, por experiencia sé que realizar el sitting de más de 2.000 invitados en tiempo record no es tarea fácil. Desde la televisión se vieron impecables todos los movimientos, síntoma de que detrás había unos auténticos profesionales.

Vayamos por partes; en las semanas previas a la gala se habló de todo menos de cine. De si los Reyes presidirían por primera vez la ceremonia, de la presencia del ministro Wert o del cambio de día de domingo a sábado. Parece que esta última medida ha dado en parte los resultados esperados: se ha conseguido revertir la tendencia negativa tras un lustro de caída en picado del número de espectadores y del share.

Como decía antes, digno de alabar también el despliegue de RTVE, con seis señales simultáneas en directo para no perderse ni un detalle; y la novedad de los Goya Golfos, una alternativa pensada por y para esos nuevos espectadores multitarea, entre los que me incluyo, que buscan valor añadido a la hora de consumir televisión e interactúan a través de las redes sociales. Sin duda se consiguió gracias al radar social habilitado por el Laboratorio de RTVE, que recogió los mejores comentarios y fotos de la noche.

RTVE

Chapeau a la estrategia 2.0, sino fuera por un pequeño pero gran detalle que más adelante explicaré. De momento, sigamos con lo que me ha gustado. Destacaría la elección del contenido tanto en el pre, como en el evento, como en el post. El perfil oficial @PremiosGoyaES multiplicó su actividad en el mes previo a la gala, coincidiendo con la lectura de las nominaciones. Se ofrecieron pequeñas pinceladas de la gala, se adelantó en exclusiva los invitados que confirmaban su presencia y así un sinfín de detalles más para ir abriendo boca. Solo durante la gala se generaron 588.274 comentarios. ¿Impresiona, verdad? Pero esto no acaba aquí. La información a través de redes sociales continúa una vez que se han apagado los focos, por ejemplo, hoy la Academia ha aprovechado para compartir un vídeo en el que los nominados responden a los tuits de los internautas, así como el making of preparación de la ceremonia. Nada que objetar, al contrario, podría considerarse el ejemplo a seguir. Sin embargo, no podríamos decir lo mismo sobre la elección del hashtag oficial, ¿por qué #Goyas2015 y no #Goya2015, si el nombre de la gala es en singular (Goya)? Este baile de eses lió a los tuiteros, que usaban indistintamente uno u otro, lo que dividió los comentarios, y por tanto, la cifra fue mucho menor de la esperada.

RTVE

Hasta aquí el análisis de los Goya desde el punto de vista la comunicación. ¿Coincidís conmigo en que la estrategia ha sido adecuada? ¿qué hashtag habéis utilizado? Como veis el tema da para mucho, tenemos fiesta del cine para rato. En el post de mañana haré un repaso a detalles del evento (alfombra rosa, timing de la gala…) No os lo perdáis.